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Cambiemos de rumbo

Por: Juan Planells

El Ministerio de Educación ha publicado en su último informe sobre Estadísticas Educativas 2012 que hay en el sistema mil 312 estudiantes embarazadas (30 en el nivel primario oficial), incluyendo una en tercer grado con solo 10 años. Así mismo indica que se reportaron mil 933 casos de violencia estudiantil (63 con armas y 19 con drogas), 779 en nivel primario, incluyendo uno con posesión de drogas. No hay precedentes en la historia de la educación nacional de semejantes síntomas de deterioro social en la institución que debiera ser un modelo de comportamiento.

Es cierto que la principal responsabilidad ante la evidente pérdida de valores reflejada en estas dramáticas cifras descansa en la familia, y que la primera institución social en Panamá da muestras de una desintegración sobre la que es difícil construir una sociedad sana y fuerte. La Contraloría nos dice que el 84% de los hijos en Panamá nacen de padres no casados, y más del 15%, de madres solteras.

Sin embargo, al Estado, a través de la escuela, le corresponde una responsabilidad subsidiaria en el tema de los valores que debe ser atendida con políticas públicas apropiadas y eficaces. Más bien hoy, en muchas ocasiones, el padre de familia no sabe cómo contrarrestar la influencia negativa de un ambiente escolar incontrolable que presiona a sus hijos, invitándolos a llevar un modelo de vida desenfrenado y violento.

Si hablamos de la educación sexual, la situación es más crítica. No solo por la cantidad de embarazos en niñas, sino por la evidente actividad sexual promiscua que aprovecha la escuela como medio de encuentro y propagación. Las estadísticas muestran que 6 de cada 10 infectados de VIH son adolescentes, resultado de su participación en relaciones sexuales tempranas de alto riesgo.

En el tema de los valores, la escuela ha perdido el rumbo. Lo que debiera ser eje central de todo el sistema educativo, ha sido reducido a un llamado eje transversal al que no se le dedica ni el tiempo ni la importancia que merece. Todos los esfuerzos parecen encaminados a la capacitación en las competencias cognitivas, a través de asignaturas cuyo rendimiento se evalúa trimestralmente, y en cambio muy poco a la formación de actitudes que le permitan a la juventud enfrentar las difíciles situaciones de comportamiento que se les presentan en la sociedad actual.

Debemos insistir en la necesidad de promover valores a través de la escuela para ser exitosos en el mundo laboral y en el plano personal o ciudadano. De otra forma la juventud seguirá abandonada a un desempeño social apartado del respeto y la responsabilidad. ¿Qué éxito puede alcanzar una joven que, a edad temprana, ve comprometido su proyecto de vida con la atención de deberes familiares? ¿Qué puede esperarse de un joven que experimenta con drogas o armas en la escuela?

Si la educación es un instrumento de desarrollo personal y social, y su calidad se mide por la eficacia con la que atiende las necesidades sociales, la calificación que merece el sistema educativo es de fracaso. El gran problema de la sociedad de hoy no está tanto en la creación de riqueza como en la justa distribución de oportunidades para acceder a ella. Igual ocurre con la ciencia y la tecnología. Los avances en conocimiento sobre genética, tecnologías de la información y comunicación, nanotecnología, mecatrónica y otros que progresan a velocidades vertiginosas nos demuestran las capacidades alcanzadas en estos campos, pero el dilema para la humanidad está en señalar con qué propósito las utilizamos.

Desarrollar solo el dominio de la ciencia, matemáticas y el lenguaje, a los que tanta atención pretendemos dedicar en una escuela netamente académica, y descuidar las competencias emocionales, que hemos abandonado como objetivo central de un aprendizaje integral, es como promover un desarrollo sin rumbo.

Reconocemos el compromiso individual que hacen los educadores con vocación al impregnar su trabajo con el consejo oportuno y la orientación ética, gracias al cual se logra rescatar, en algunos casos, el verdadero sentido de la educación, haciendo honor a la frase de José Martí “instruir puede cualquiera, educar solo el que sea un Evangelio vivo”. Igualmente, valoramos el esfuerzo de los padres responsables, navegando en muchos casos en contra de la corriente promovida por una escuela con reglamentación permisiva.

Cuestionamos el escaso respaldo que reciben estos héroes del sistema para promover los valores, que no pasan de programarse con alguna charla ocasional, si se encuentra el tiempo o el salón disponible o mediante algún acto cívico trasnochado, desvinculado de la realidad que viven los estudiantes, con juramentos que tienen más simbolismo que contenido.

Debemos colocar a la persona y sus valores como eje central de la educación. Cuando relegamos su desarrollo a un segundo plano en la educación que impartimos en la escuela, y nos enfocamos únicamente en ofrecerle las herramientas para aplicar lo aprendido en el trabajo, olvidamos que todo ese conocimiento carece de sentido si no va orientado por una formación en valores que lo ponga al servicio de la persona y la sociedad.

Buenas Intenciones, Ley Deficiente

Por: Juan Planells

Con el apoyo de todos los panameños y panameñas, hemos emprendido un proceso de mejoras al sistema educativo que nos permitirá enfrentar los retos de un mundo en donde el conocimiento se convierte en pieza clave para garantizar un futuro mejor.

Los resultados comienzan a verse con el aumento de la cantidad de estudiantes que logran pasar las pruebas de ingreso en las universidades, con los avances de los índices de competitividad en educación superior y con la incorporación de más sectores que se unen al trabajo que se realiza en la escuela.

Dentro de las medidas tomadas que nos acercan al logro de una mejor educación, se ha decidido poner en práctica una vieja ley que pretende certificar la calidad en el sistema de educación superior. Vale la pena destacar la voluntad por entrar a resolver el problema dentro del círculo universidad-escuela, sin consideraciones sobre dónde comienza la responsabilidad por la formación de profesionales, con valores y competencias, para actuar como ciudadanos en la sociedad de hoy, en la formación que imparten los docentes o en la formación que estos reciben.

Lamentablemente, la ley, que por cuatro años nunca fue reglamentada ni implementada hasta ahora, tiene graves deficiencias de origen, que están empantanando un proceso necesario y con nobles propósitos. Señalo algunas de esas debilidades.

En primer lugar, parece un contrasentido que pretendiendo lograr una educación universitaria pertinente, en lo que se refiere a preparar el profesional que el sector productivo requiere, la decisión de certificación quede en manos del sector público, sin una adecuada representación del sector empresarial.

La integración del Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria de Panamá (Coneaupa) va en contraposición a los avances por lograr el tripartismo efectivo de la fórmula universidad-empresa-Estado como articulación exitosa para mejorar la educación superior.

En segundo lugar, la ley no considera en toda su importancia la formación superior en instituciones diferentes de las universidades, como los institutos técnicos de educación superior, los colegios o las academias, insistiendo en que la única vía para el desarrollo personal y social se encuentra en el camino hacia la obtención de un título universitario. Con esta visión estamos reforzando una distorsión en cuanto a los objetivos nacionales de la formación de los panameños que desconoce la vocación personal, cierra el camino de superación a muchos panameños y hace perder a la sociedad un importante activo de valioso recurso humano.

En tercer lugar, la certificación debe verse como un proceso mediante el cual se fijan las metas, se señalan las deficiencias y se incentiva su solución, y no como una evaluación definitiva que sanciona, estableciendo breves períodos de ajuste y con fechas fatales después de las cuales no hay alternativa que no sea el cierre de la actividad educativa, como se está actualmente planteado. La contribución del sector particular a la educación superior representa un importante ahorro nacional y ha sido tradicionalmente un aporte incalculable en términos de preparación de líderes en todos los ámbitos del saber. Desconocer esta realidad constituye un desperdicio injusto e inconveniente.

En cuarto lugar, la ley debió contemplar en su articulado que la decisión de cerrar un centro educativo particular en un corto período de tiempo debe pasar necesariamente por un justificado proceso, que tenga en cuenta los intereses de los estudiantes que han confiado en la validez de los estudios realizados, y que no se violen los principios de seguridad jurídica sobre los cuales se han hecho importantes inversiones; que se respete la libertad de enseñanza que coloca en los padres de familia la decisión de escoger el tipo de educación que quieren para sus hijos, y que no promueva la competencia desleal resultado de establecer diferentes normas para permitir el funcionamiento en nuestro país de universidades.

Todos estos principios constituyen pilares esenciales de nuestro desarrollo económico y social, tan importantes como la calidad de la educación.

Estamos seguros de que tratándose de un tema que tiene gran importancia para el país, sabremos encontrar una forma dialogada para salir de este conflicto que se convierte en obstáculo, porque divide y debilita la unidad de propósitos hacia el logro de una mejor educación. Hay que enfrentar el tema con urgencia, antes de cometer errores costosos, y proponer cambios a una ley que tiene un sano objetivo, pero que propone un difícil y costoso camino.

Publicado en el Diario La Prensa el 28/2012

Resultados en Educación Escuela Mala y Cara

Por: Juan Planells

Casi el 15% de los padres de familia en Panamá consideran que la educación que se imparte en la escuela pública a sus hijos es tan mala, que prefieren pagar lo mucho que cuesta un colegio particular, a pesar de que la oferta que brinda el Estado es gratuita.Al final, ellos terminan pagando el doble, porque el cupo que le corresponde a sus hijos en la escuela oficial ya lo cancelaron con el pago de impuestos, y lo que gasten en la educación privada no les será reconocido en su declaración de rentas, como sí ocurre con los gastos de salud.

Así el número de escuelas particulares no solamente se mantiene alto, sino que crece al igual que el costo de la matrícula, que ha aumentado con la demanda a un ritmo de 25% en los últimos cuatro años. Sus clientes justifican el dinero pagado, debido a las deficiencias que encuentran en la enseñanza oficial en cuanto a instalaciones, cumplimiento del año escolar, asistencia de profesores, acceso a otros idiomas, utilización de computadoras, cantidad de alumnos por salón, seguridad, cargas horarias y un largo listado de razones que exponen los padres de familia cuando se les pregunta sobre el tema.

¿De qué otra manera se explicaría que los panameños gasten 50 millones de dólares al año por recibir una educación a la que tienen derecho de manera gratuita? Y no son solamente los padres de más recursos económicos los que llenan los salones en las escuelas privadas. De acuerdo a una investigación sobre el nivel de ingreso, el 80% de este grupo hace un sacrificio en su presupuesto familiar, asumiendo un gasto más allá de sus posibilidades reales y limitando, por tanto, el consumo de otros rubros de primera necesidad.

Para hacer más dramática la situación, esa educación –que una buena parte de los padres de familia desprecia le cuesta a los contribuyentes mucho más de lo que se paga en algunas escuelas particulares.

Hay que reconocer que no existen cifras confiables que permitan llegar al costo exacto de la educación por estudiante. El sistema administrativo que utiliza la escuela oficial no permite calcular el valor real de lo que se gasta por plantel, porque no se aplica una contabilidad de costos, además, se trasladan partidas sin detallar a qué escuela corresponden. Sin embargo, podemos hacer un cálculo sencillo, aproximado, que nos revela cifras de costo mínimas alarmantes.

En el año 2012 se presupuestaron 250 millones de dólares para el funcionamiento de la escuela media, que contó con una matrícula de 90 mil estudiantes, lo que revela (con una simple división calculada en la parte de atrás de un sobre) que cada alumno cuesta un promedio de por lo menos 2 mil 800 dólares al año; suma que puede ser el doble de lo que cuesta la educación en importantes escuelas particulares.

Esto sin contar la parte proporcional correspondiente a dirección y administración, al fondo de exoneración de matrícula y la depreciación de lo invertido en infraestructura y equipamiento.

La buena noticia es que no todo está perdido. Los esfuerzos realizados por la ministra de Educación han estado orientados a cambiar esta realidad y, por ello, debemos apoyarla.

Todo es cuestión de paciencia, pues los resultados en educación no se reflejan a corto plazo. Llegará el día en el que –como ocurre en otros países– no se justificará que el padre de familia gaste dos veces por la educación que, según lo estipula la Constitución de la República de Panamá, se debe impartir de manera gratuita.

Unidos por la educación

Por: Juan Planells

Es innegable que el sistema educativo requiere de cambios urgentes que lo pongan en sintonía con las demandas de los tiempos actuales. Más de tres décadas de enfrentamientos estériles y de apatías entre los diferentes actores sociales han paralizado la implementación de reformas necesarias para poder brindar a nuestra juventud una educación en valores, conocimientos y competencias que contribuya a su progreso personal y social. El resultado ha sido un ejército de ciudadanos incapaces de ser sujetos de su propio desarrollo, que actúen como hombres y mujeres participativos en lo político, productivos en lo económico y solidarios en lo social.

Las pruebas son evidentes. El clima de confrontación política que vivimos, la falta de personal capacitado para acompañar el proceso de crecimiento económico, y la injusta distribución de riqueza que caracteriza nuestro desarrollo social nos señalan claramente que si queremos un Panamá de riqueza, bienestar y paz social debemos emprender la tarea de reformar las viejas estructuras educativas que no han evolucionado con los tiempos.

Solamente en el área de conocimientos y habilidades para enfrentar el mundo de hoy, hay cuatro indicadores conocidos que denuncian la gravedad del problema. Por una parte, a nivel de estudiantes de primer grado, los exámenes aplicados por el Sistema Nacional de Evaluación de la Calidad de los Aprendizajes del Ministerio de Educación revela serias deficiencias en las cuatro materias básicas, además de problemas en lecto-escritura y comprensión del lenguaje, lo que dificulta el aprendizaje de otras asignaturas. A pesar de las debilidades mostradas, estos alumnos son promovidos de grado con base en las asignaturas complementarias.

Para evaluar los resultados en tercero y sexto grado de educación primaria contamos con la prueba internacional Serce de la Unesco, que ubica a los estudiantes de Panamá en una posición “menor que la media entre todos los países latinoamericanos en lectura, escritura, matemáticas, ciencias naturales y otros factores asociados”.

Si medimos el nivel de los egresados de la media mediante las pruebas de admisión preparadas por el College Board de Puerto Rico, que aplica la Universidad Tecnológica de Panamá como requisito de ingreso, el valor medio alcanzado para razonamiento verbal y razonamiento matemático (Prueba PAA) está por debajo del límite mínimo exigido para carreras de ingeniería, y muestra a través de los últimos años una tendencia a disminuir aún más.

Y como si todo esto fuera poco, la más reciente frustración la experimentamos cuando sometimos a nuestros jóvenes de 15 años (al final de la educación obligatoria), a la prueba internacional Pisa, administrada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, aplicada en más de 60 países del mundo y en la que nos disputamos las tres últimas posiciones en capacidad de lectura, cultura matemática y cultura científica.

Lo sorprendente de vivir esta situación es que durante los últimos años Panamá ha dado muestras de extraordinaria madurez para consensuar los pasos necesarios que nos permitirían sacar a nuestros jóvenes del suicidio social que significa recibir una educación que los condena a la mediocridad y la pobreza. En diversos diálogos con participación de representantes de educadores, padres de familia, sindicatos, empresarios, iglesias y partidos políticos se han acordado las acciones que debemos tomar para corregir esta condición, pero siempre ha faltado la voluntad política para iniciarlas con decisión y valentía.

Ahora pareciera que el momento ha llegado. Con el lanzamiento de un proyecto de unidad nacional en torno a la educación que ha planteado la Fundación para el Desarrollo Económico y Social de Panamá, bajo la consigna de “Unidos por la Educación”, acaba de proponerse el consenso más importante de todos, aquel que nos conduce a la acción, implementando los cambios ya acordados. El pasado 6 de julio, líderes de sectores que conforman el entorno educativo plantearon el compromiso claro de participar junto al resto de la sociedad panameña en el recorrido que nos llevará a una mejor educación para los panameños y panameñas.

Apostamos a la capacidad demostrada por nuestros conciudadanos, cuando llega el momento de enfrentar los grandes retos sociales que el destino nos ha planteado. Estamos seguros de que en esta oportunidad, mediante la unión de todos y todas, podremos alcanzar el éxito que representa formar una generación de hombres y mujeres sobre la que descanse el porvenir de progreso que nuestra sociedad merece.

PREOCUPANTE INCREDULIDAD CIUDADANA.

Por: Jaime Correa Morales

El  día trece de mayo La Prensa publicó la encuesta de UNIMER realizada a inicios de la semana anterior según  ella, el 63.9% de los ciudadanos manifestó que la gestión de Ricardo Martinelli  es entre excelente y buena. No recuerdo que ningún presidente anterior haya calificado tan alto después de casi dos años de desgaste lógico en su ejercicio; y muchos otros ni siquiera a su inicio.

Esto no fuera nada extraordinario si no fuera porque su aceptación es muy alta pese a la campaña adversa que mantienen contra el gobierno casi todos los medios de comunicación escritos, televisados y hasta hablados. Entonces es momento de preguntarnos: ¿Qué ocurre? Pues lo anterior pareciera señalarnos que se le está perdiendo confianza a tales medios y ello es muy preocupante porque si estos no tienen credibilidad pública, entonces ¿qué sucederá cuando el país realmente  necesite utilizar tal credibilidad?

Pienso que su origen radica en la discutible práctica de que la sola enunciación de una denuncia contra el gobierno se publica como un hecho comprobado, sin siquiera otorgar la presunción de inocencia y, por supuesto, antes de que medie sentencia judicial.   

Pongamos como ejemplo un caso reciente  -que ni siquiera es político propiamente tal, para que no se piense que mi preocupación tiene tal origen-  y es el del sentido fallecimiento del Sr. Raúl Leis. Al respecto, varios medios y personas de la sociedad civil, acusaban que un médico supuestamente le habría recetado un medicamento al cual era alérgico. Yo tampoco conozco la causa de su lamentable fallecimiento, ni sé si le hicieron autopsia, pero el solo hecho de que no se haya vuelto a publicar el tema parece indicarme que no existió tal alegada negligencia médica. Sin embargo, la leche habrá quedado derramada pues los titulares quedaron impresos y no he visto ni oído retractación  ni aclaración alguna de nadie.

Similar es el caso de varias personas, algunos de ellos periodistas, que afirman haber recibido amenazas de muerte, supuestamente originados del gobierno, y la sola acusación fue convertida en una sentencia condenatoria sin que mediaran pruebas ni, mucho menos, un juicio.  Y nadie ha muerto y ni siquiera hay nadie preso. ¿La nueva ley del embudo es que corresponde al acusado comprobar la falsedad de una acusación o debe ser  lo contrario?  ¿No puede cualquier persona mal intencionada acusar falsamente buscando protagonismo político? ¿O algún deshonesto hacer una llamada anónima con fines aviesos?

Rehúso creer que los medios estén pensando únicamente en el “rating” pues ello sería totalmente irresponsable y hasta podría conducir al país a una situación caótica, como las que ya han sucedido anteriormente en nuestra historia patria ante situaciones similares; pues  nos consta que algunos de estos medios tienen una larga trayectoria de honestidad, de lucha ciudadana y de credibilidad, que les impediría tirar todo por la borda solo para aparecer con el titular más escandaloso del día.

Hago este ejercicio para que meditemos porque, lamentablemente, según las encuestas publicadas, esto pareciera ser lo que  perciben la mayoría de los panameños.

Empresario.

PERIODISMO Y JUSTICIA

por: Jaime Correa Morales

Según Benito Juárez: “EL RESPETO AL DERECHO AJENO ES LA PAZ”. A este sabio precepto yo solo agregaría: ….. “Y GARANTIZAR TAL DERECHO ES LA JUSTICIA”.  Recientemente se ha desarrollado un intenso debate originado por algunos periodistas debido al llamamiento a juicio, de años atrás, a algunos de ellos  por demandas  por calumnia, y yo discrepo con la forma en que han enfocado el asunto.

Según el artículo 17  de nuestra Constitución política “Las autoridades están instituidas para proteger en su vida, honra y bienes a los nacionales……..etc.”;  por su parte el  19 establece que: “No habrá fueros o privilegios……etc.” y el 37 reza: “Toda persona puede emitir libremente su pensamiento, de palabra, por escrito o por cualquier otro medio sin sujeción a censura previa; pero existen las responsabilidades legales cuando por alguno de estos medios se atente contra la reputación o la honra de las personas ….etc.·”  De las tres normas transcritas nos queda totalmente claro que las autoridades deben proteger la honra de los nacionales;  que no puede haber privilegios;  y que existen responsabilidades legales contra quien atente contra la reputación y la honra de terceros. Y si aspiramos a convivir en paz no podría ser de otra manera que “respetando el derecho ajeno”, como proclamaba Benito Juárez.   A lo que tales periodistas parecen aspirar es a tener un privilegio, una especie de inmunidad como la que alcanza a los diputados, que ellos mismos tanto critican, en contravención al artículo 19. Muy preocupante es que hasta  estén  tergiversando la verdad pues el hecho de no poder calumniar de ninguna manera significa que su libertad de expresión se les esté menguando. No podemos pensar que tal disposición pueda ser buena para una parte pero no para la otra  porque ya estaríamos hablando de injusticia: ¿aceptarían que tal impunidad fuera a la inversa?

Ejemplo: ¿Se preocuparía usted, lector, si se entera de que se duplicarán las penas a los pedófilos, a quienes roben, a los asesinos? Por supuesto que no porque usted         no piensa delinquir, y allí está la respuesta al dilema en discusión.

Tampoco es cierto que los periodistas constituyan la parte más débil de esta relación pues si bien algunos funcionarios tienen bastante poder, de sobra conocemos  que por su acceso amplio, permanente y gratuito a los medios, los periodistas ostentan uno aún mayor hasta el punto que al periodismo se le conoce como El Cuarto Poder del Estado. 

Pero no dejemos escapar el hecho de que tampoco es el agraviado ni nadie del Órgano Ejecutivo  a quien cabrá juzgar el caso sino un miembro del Órgano Judicial, el cual, en ejercicio de su función constitucional, actuará imparcialmente.

Como sustento a su aspiración aducen que  para su defensa los funcionarios pueden  demandar civilmente. Pero resulta que constitucionalmente “La administración de justicia es gratuita, expedita e ininterrumpida” – artículo 201-  y todos conocemos que las demandas civiles tienen un muy alto costo que muchos funcionarios no podrían sufragar, lo que los dejaría en indefensión. Adiciono a lo anterior mi opinión de que una demanda civil no es conducente por cuanto un caso penal no debe ser juzgado por vía civil pero menos aún si el caso no se origina de un acto de comercio; y si algún fallo favoreciera al demandante, este solo podría aspirar a una indemnización económica, que muy pocas veces podrá cobrar.

Estoy muy seguro de que la mayoría de periodistas, que son muy serios, no comulgan con esta posición que plantea ese pequeño grupo.

Empresario.

                                                                                                             

                                                                                                              

ALIMENTOS MÁS BARATOS Y SEGUROS

El Centro Nacional de Competitividad (CNC), institución que promueve el aprovechamiento eficaz de nuestros recursos, propuso en su última reunión de Síndicos colocar el tema de la Agricultura dentro de sus prioridades para la agenda del 2013. Así lo han venido haciendo los países que entienden el problema que atraviesa el agro ante las demandas de producir alimentos más económicos y seguros para la población en el mundo globalizado de hoy.

En este terreno Panamá tiene mucho por hacer. El sector ha estado abandonado por todos los gobiernos que a lo largo de la historia no han implementado una política coherente de apoyo a la agricultura, enfocando toda su atención al sector servicios sobre la base de tener una mayor competitividad en esta área para garantizar éxito en el mercado internacional. Una rápida lectura a las cifras nos muestra que la agricultura ha pasado de una contribución al PIB de más del 20% en la década de los cincuenta a estar por debajo del 5% en la actualidad.

Esta preferencia por los servicios se justifica porque nos ha permitido lograr los crecimientos económicos envidiables de que hoy disfrutamos en transporte, comunicaciones y turismo. Impulsados por la ventaja ofrecida por nuestra céntrica posición geográfica y el aprovechamiento del Canal de Panamá, el ferrocarril interoceánico, los puertos y el nodo aéreo, estamos liderando todas las listas de aumento en el ingreso en la región durante la última década y se augura que esta condición se mantendrá por los próximos años.

Sin embargo un desarrollo económico y social limitado al conglomerado de actividades alrededor del área canalera no es ni sostenible ni suficiente para garantizar equidad en la distribución de las oportunidades a toda la población. Más allá del puente de las Américas los panameños que cultivan la tierra esperan una respuesta a sus aspiraciones de contribuir con su esfuerzo al crecimiento económico y al bienestar social.

Con este objetivo en mente, las autoridades del Ministerio de Agricultura están proponiendo la implementación de políticas públicas que nos deben ayudar a revertir el proceso actual de desmantelamiento de la actividad productiva agrícola para evitar colocarnos en la peligrosa situación de dependencia del mercado internacional de los alimentos en disponibilidad y precios. Consumidores y productores esperan que ahora si se de el cambio en la agricultura.

CONTROL PREVIO, ¿CONTROL DE QUE?

Desde hace varias semanas nos debatimos como sociedad sobre un tema de relevancia para unos, y de particular interés para otros. Lógico que como todo tema de ámbito nacional genera posiciones de legítima defensa, oposición y sobre todo críticas a cualquier esquema o planteamiento realizado, en este caso por el Ejecutivo.

Si realmente tratáramos de realizar un juicio de valor sobre el tema estoy seguro que tendríamos posiciones positivas, otras no tan positivas pero lo mas importante es la generación del debate y opiniones responsables, ya que es la única forma de realmente analizar y contribuir con el planteamiento de ideas en la construcción de un mejor Panamá, que como todos sabemos es la clara orientación de muchos panameños que día a día nos esmeramos desde distintas posiciones o tribunas en realizar, positiva y eficientemente. Y digo positiva y eficientemente por que independientemente de la actividad o posiciones que tengamos es importante respetar e interpretar que estamos construyendo un mejor futuro para todos.

Con responsabilidad y meditación analicé si el artículo era o no necesario, y la balanza se inclina hacia la respuesta positiva, específicamente por que lamentablemente el tema se ha polarizado, los que están de acuerdo, los que no y como siempre aquellos que por la comodidad o el simple hecho de no emitir nada mas que criticas cuestionan las opiniones de los demás.

No pretendo dar bajo ninguna circunstancia una lección del término, ni una extensa explicación de lo que es el Término Control Previo, ya que los medios y algunos conocedores calificados los han emitido con anterioridad, lo que si pretendo y desde ya con la disculpa hacia ustedes, es un llamamiento a lo que en muchos escritos y opiniones he tratado de llamar el nuevo fenómeno; “Sobre ¿Cómo? y ¿Qué? hacer para Crear Cultura de Cambio en Panama”. Me refiero específicamente; a que como panameños nos enfoquemos sobre cosas positivas, tratar y analizar las cosas de manera diferente y en su justa dimensión, y no bajo la simple premisa de que nada esta bien o todo lo que haga mi contrario está mal o simplemente lo que no hago yo, esta equivocado o se puede hacer mejor.
Por supuesto no es una invitación a que no nos pronunciemos y mucho menos que no se ejecuten todas aquellas acciones que en el legítimo estado de derecho y la institucionalidad democrática podamos realizar.

El tema de la responsabilidad
Lo debo desarrollar en primer lugar, porque creo firmemente que es donde mayor esfuerzo como sociedad debemos realizar. Hoy en día, debemos reconocer algunos aspectos fundamentales de la gestión pública, entre ellos: no es fácil, no es para todos, no se hace, como muchos quisiéramos de un momento a otro; y tradicionalmente es difícil quedar bien con todas las partes involucradas. Ante este escenario la mayor parte de las veces la selección de las personas que la dirigen (Gobierno), son allegados al partido (s) de gobierno; o aquel que ha demostrado a través de su trayectoria un conocimiento y experiencia que lo califica para el cargo, eso si, con inclinada mayoría hacia la primera. Pero realmente no son muchos los que pueden dirigir los ministerios, o instituciones autónomas del Estado por que no son más de 100, es decir que son pocas las personas que ejercen el cargo superior dentro de ellas. Lo que implica una enorme responsabilidad por el cargo, sus estructuras, el monto y valor de los recursos disponibles y sobretodo por el impacto de sus decisiones y acciones en cada institución.

Ninguna de las premisas anteriores es sencilla de administrar y mucho menos de controlar, lo que si es fácil es el señalamiento sobre cuando algo esta bien o no esta bien, y los extremos juicios de valor que realiza la sociedad en general. Si estos elementos le agregamos altos niveles de burocracia, altos niveles de cuestionamiento intenso y desequilibrado lo que queda es entonces una permanente ubicación de todas las decisiones y particularmente las ligadas al tema de inversión o gasto dentro de la incertidumbre, el mal manejo y la constante clasificación de que todo lo que se hace tiene algo oculto. Por eso, ante este escenario lo que queda es darle realmente la responsabilidad en el accionar y ejecución a ese grupo de panameños (as) para que conforme a los principios y valores que los caractericen asuman con el adecuado proceso el alcance correspondiente, las distintas responsabilidades que involucren cada uno de sus cargos, quedando al final el juicio correcto sobre lo que hacen y dejen de hacer en un proceso de “Cultura de Cambio”, donde prevalezcan los mejores elementos posibles que nuestra sociedad nos permita realizar.

Acuerdo nacional
Desde hace varios años, la sociedad panameña y los diferentes grupos de pensamiento del país nos hemos estado reuniendo para identificar distintos objetivos y estrategias para mejorar la posición competitiva del país, quedando muy clara una metodología de participación, y compromiso de todos los involucrados, y señalamos claramente todos por que es un esfuerzo de gobierno, sector privado y muchos representantes de la sociedad en general, esquema que ha permitido plantear, discutir y concluir acciones de consenso en una gran cantidad de áreas. Con este antecedente debo recordarles a todos los panameños que en el año 2009 durante el IV Foro de Competitividad una de las mesas de discusión (Mesa de Modernización del Estado) se acordó algo tremendamente importante para el mejoramiento y modernización del Estado; ¿adivinen qué?1: La eliminación del control previo dentro de las instituciones del gobierno, por control posterior, ya que el previo resta agilidad a los procesos y lo único que garantizaba, era crear mayores oportunidades para el desarrollo de elementos negativos, entre ellos: atraso, burocracia y hasta corrupción. La pregunta ahora es ¿que paso? A mi criterio algo sencillo se le olvido a muchos, y cuando digo a muchos, es a casi todos, los que día a día se ubican dentro de ese grupo de panameños y panameñas que todo lo cuestionan.

Debo reconocer que esa solicitud iba acompañada de algunas acciones importantes de cambio dentro de todas las instituciones del gobierno, algunas tales como: implementar y desarrollar elementos de modernización, reducción de la burocracia, implementación de tecnologías aplicadas y sobre todo que la mayor cantidad de acciones estuvieran enmarcadas dentro de los criterios de Gestión por Procesos y Gestión Publica por resultados. Para ayudar con la respuesta, nos queda realizar una pregunta ¿lo han hecho?

Agilizar procesos
Sin temor a equivocarme considero que no se ha hecho lo suficiente, para proponer e implementar la medida y sobre todo mejorar la buena recepción del cambio propuesto, a diferencia de otros procesos de modernización que han estado acompañados por procesos integrales y de buen criterio sobre los aspectos de causa y efecto; por ejemplo: en años anteriores entendimos que para abrir una empresa era necesario reducir y simplificar los proceso de registro y apertura, que facilitaran el emprendedurismo y redujeran los niveles de informalidad en la economía, proceso llevado con un éxito relativo y con buena percepción a nivel nacional.

Por lo anterior, debemos entender que todas las cosas por hacer en el gobierno deben ser sometidas a procesos diferenciados, que permitan que su implementación deje una sensación e intención real de reducción de burocracia y el atraso permanente en cualquier gestión a realizar dentro de las instituciones.

Si no lo hacemos seguiremos siendo espectadores críticos y afectados directos de muchas cosas, entre ellas: la típica explicación de que todo demora, o el simple hecho de que no está quien firma. Ahora bien, como panameños sensatos si cualquier trámite a realizar en estas instituciones dura, demora o se identifica por las expresiones anteriores, imaginemos como pueden ser unos procesos de licitación o aprobación de trámites de una compra, o para brindar un servicio al Estado. Señores es un proceso extremadamente largo, tedioso y que lo único a lo que motiva es a la no participación, o simplemente reconocer que demora, es allí donde por iniciativa y conforme a lo que permite la ley actual, surgen los procesos de adquisiciones de bienes y servicios con la denominada Compra Directa, que a pesar de que tiene tramites internos, es una realidad que permite mayor agilidad en todos los procesos; es por ello que debemos contemplar o hacemos algunos cambios, entre ellos la eliminación del control previo, con el grado de responsabilidad correspondiente, o seguiremos viendo un proceso continuo dirigido a que todas o la mayor parte de las adquisiciones del gobierno serán a través del mecanismo más eficiente disponible.

Generar confianza
Para concluir exhorto a mis colegas, y ciudadanos en general a que sigamos con este proceso de creación de “Cultura de Cambio”, en función no de nuestra generación, o procesos actuales, sino más bien por esos que se encuentran detrás en términos generacionales y que desean vivir en un país, al menos igual al que nosotros hemos tenido la oportunidad de convivir, sobre todo rescatando el legitimo propósito de encontrar acciones que ponderen más y mejores resultados en esa expresión mágica de mejoramiento permanente de la calidad de vida de todos los panameños, a través de una “Cultura de Cambio”.

Antonio F. Fletcher C. Presidente

 


1 CNC, Memoria 4to Foro de Competitividad, pagina 220, Panamá, 2009

COMUNICADO AL PAÍS (1-12-2010)

Luego de las recientes publicaciones hechas a través de los medios de comunicación por el Gobierno Nacional, en donde se plantea la posibilidad de un aumento de impuestos a una categoría de negocios en particular para atender las necesidades de los jubilados, el Consejo Nacional de la Empresa Privada (CoNEP) desea expresar su profunda preocupación por estas medidas coyunturales, ya que las mismas pudiesen atentar gravemente con la seguridad jurídica en Panamá.

En los últimos años es claro el desarrollo que ha alcanzado el país. Parte de este desarrollo se sustenta en las significativas inversiones hechas por la empresa privada y la confianza depositada por inversionistas extranjeros.

Sólo en septiembre de 2009 y marzo de 2010, el Gobierno Nacional realizó reformas fiscales y estableció su plan estratégico de desarrollo para el próximo quinquenio, de forma que fuese financiable la realización de dicho plan, el cual como sector privado consideramos como de vital importancia ya que determina la ruta a seguir para el desarrollo económico del país. Es preocupante, que a pocos meses de este hecho se tenga nuevamente la intención de implementar otras modificaciones a la ley fiscal para dar respuesta a las solicitudes de algunos adultos mayores.

La empresa privada hizo su planificación basada en el nuevo escenario fiscal que planteo el Gobierno, y de imponerse nuevas y mayores cargas tributarias, se vería gravemente afectado el desarrollo económico nacional y consecuentemente los miles de trabajadores que dependen del sector empresarial.
Recientemente, perdimos 10 posiciones en el Índice de “Doing Business” del Banco Mundial como resultado entre otras razones, del efecto de las reformas tributarias del último año. Cualquier variación adicional en tal sentido puede contribuir al deterioro de nuestra posición competitiva.

Hacemos un llamado a las autoridades a que presenten otras alternativas más allá de afectar una vez más la legislación fiscal. Un aumento de impuestos podría ser negativo para la atracción de nuevas inversiones, tanto a nivel local como internacional, restando elementos competitivos a nuestro país.

El Consejo Nacional de la Empresa Privada entiende y comparte la preocupación del Sr. Presidente de la República, por mejorar las condiciones de aquellos jubilados cuyos ingresos no les alcanza para cubrir plenamente la canasta básica y que fue objeto de su campaña política. Sin embargo, por lo complejo del tema, estimamos que para cumplir con esa promesa debe tener en cuenta una serie de factores que busquen una solución integral, y no paliativos de momento que puedan afectar de otra manera al país.

El reto que hoy debemos asumir como objetivo común, es de consolidar la paz laboral, que la misma se da por el adecuado balance entre empresas sostenibles que permitan preservar la fuente de empleos.

Dado en la ciudad de Panamá, el día 1 de diciembre de 2010

Pensando en Noviembre…

Gaspar García de Paredes Ch.

Estamos en el “Mes de la Patria”, otra vez. Es obvio pues aparece el tricolor nacional, en todas sus formas, por doquier. La ciudad se viste de blanco, rojo y azul. En todos los medios hay comentarios o noticias alusivas a las fechas. Se nota un gran esfuerzo por llamar nuestra atención al calendario…
Entre tanta pompa algunos nos preguntamos: es esa la mejor manera de honrar a la Patria? Sí la Patria fuera la “Madre” que algunos dicen es… Estaría ella más interesada en decoraciones que en acciones? Estaría ella más contenta de saber que recordamos su fecha o en ver que hacemos algo por ella? Cuando pensamos en nuestra madre biológica (o de crianza) qué nos provoca? Seguramente darle cariño, respeto, buscar en qué ayudarla, estamos pendientes de atenderla, nos interesa su comodidad, su salud, nos esforzarnos por mejorar su calidad de vida… Hacemos eso por nuestra Madre Patria? Más importante que eso, lo hacemos en su fecha o todos los días de nuestra vida?
Ser hijo(a) de una madre implica ese compromiso que es alimentado y fortalecido por el amor y el orgullo de haber nacido de ella. Ser hijo(a) de un terruño debe conllevar las mismas consideraciones, las mismas responsabilidades.
John F. Kennedy nos planteo el reto: “no preguntes lo que el país puede hacer por ti, pregunta lo que tu puedes hacer por tu país.” Una frase bien inspirada en ese sentimiento y consideración que le debemos a la Madre Patria. Igual que como hacemos con la madre que nos crío, debemos servirle y no servirnos de ella, debemos darle más a ella de lo que ella nos da a nosotros.
Y cómo servimos a la Patria? Sencillo, haciendo lo que hacemos de la mejor forma posible; cultivando el orgullo de hacer las cosas cada nuevo día mejor de como lo hicimos el anterior; esforzándonos porque nuestra vida tenga un impacto positivo en nuestro entorno (en el hogar, en el trabajo, en la comunidad, etc.); procurando el bienestar colectivo y no sólo el individual; aportando, contribuyendo, produciendo, desarrollándonos profesional y personalmente, siendo el modelo que deseamos otros imiten… Todo eso y más, todos los días – no sólo cuando el calendario nos recuerda que es un día Patrio.
Desde cualquier ocupación podemos honrar a la Patria: el estudiante que se esmera por lograr las más altas calificaciones, el educador que se esfuerza por motivar y despertar en sus pupilos el hambre por aprender y descubrir, la madre o padre que honra a su cónyuge y a sus hijos(as), el trabajador que vive por el orgullo de desempeñarse de una manera sobresaliente, el jefe que anima y estimula más de lo que alza la voz, el profesional cuya mayor satisfacción es el saber que dio lo mejor de si mismo, el equipo que trabaja al unísono de todos para uno y uno para todos, el artista que con su talento nos permite apreciar la belleza del ser humano, el religioso que nos guía hacia una existencia plena, el servidor publico que enaltece servir al publico, el deportista que desde su campo nos transmite emociones que nos hacen vibrar, el que se esmera en prepararnos algo de comer o beber dándole sabores a nuestra existencia, así todos desde nuestro rol en la sociedad contribuyendo al mejor Panamá que podamos lograr…
Panamá es una tierra bendecida, con gente especial. Vivamos todos los días del año, con el orgullo de ser panameños, honrándonos unos a otros, dando lo mejor de nosotros para honrar siempre a nuestra querida Patria – Panamá.
 
El autor es Ex Presidente del CoNEP